Haciendas

HACIENDAS Y SU ESPLENDOR: 

 

Es increíble poder recorrer las haciendas henequeneras de Yucatán, estancias que un día fueron la base y sustento de la economía y que ahora, conservadoras de aquel afortunado estilo de vida, nos dejan admirar un escenario diferente donde el paisaje y una arquitectura acogedora, harán sentir a sus visitantes como en casa.

 

Las haciendas yucatecas surgieron en la segunda mitad del siglo VXII por impulso de las familias que desde la época colonial poseían grandes propiedades territoriales. Algunas de estas haciendas se establecieron como ganaderas, mientras que otras, empezaron a trabajar la fibra de la planta del henequén y a explotarla a gran escala, logrando con ello un negocio altamente redituable que rápidamente dio sus frutos y que duro hasta la entrada del siglo XX, al parecer las fibras sintéticas.

El henequén creo un escenario completamente nuevo que abarcaba el paisaje y los edificios de la hacienda, incluyendo las viviendas de los trabajadores. Fue un mundo de imágenes moderno, contradictorio y vasto. La casa principal expresaba la presión del hacendado; la casa de máquinas, concebida muchas veces como un verdadero templo o palacio del trabajo; la iglesia o capilla como parte de la casa principal; las casas de los trabajadores, modernos también, de mampostería y teja ubicaban al peón en el nuevo mundo apropiado por el hacendado, que abarcaba todo el territorio visible.

Hoy resulta interesante caminar por alguna de esas viejas haciendas, que por fortuna han podido salvarse de convertirse en asombrosos para ser trasformadas en hoteles, restaurantes o paraderos de lujo y museos.

Las haciendas de Yucatán que han sido remozadas para brindarnos hospitalidad, comparte entre otros atributos uno singularmente significativo: una nueva vida para el entorno natural en que se encuentran. 

 

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